«Queda la música», diálogos cómplices

Textual

Isa

Vadik Barrón

Reseña de un libro de entrevistas que reúne una parte de las conversaciones que los autores sostuvieron durante más de una década con reconocidos músicos de Latinoamérica y Europa. El libro reúne artistas de diversos países y generaciones; una visita a la canción de nuestros tiempos a través de distintos géneros, desde la trova, hasta el rock, pasando por el folklore y el pop.

Las entrevistas, por principio y en primera instancia, le otorgan primera voz a los entrevistados. Son ellos, y sus palabras, los protagonistas, en la medida en que se conserva y proyecta en la transcripción un discurso oral, testimonial, dialógico. Un libro conformado por varias entrevistas, por tanto, echa luces sobre aspectos no siempre conocidos de la vida y obra de los referenciados, y cuando estos son, además, dignos representantes, y algunos de ellos verdaderas leyendas vivas, de la canción de autor en español, se agradece el gesto, la memoria y el trabajo, que constituyen una contribución concreta al periodismo cultural y a la literatura musical.

Ninguna entrevista es neutra, y más allá de los consabidos cuestionarios genéricos que se le suelen lanzar a los músicos (influencias, inicios, proyectos actuales, “mensaje”, etc.) se agradece en Javier Larraín y Enrique Claros el estudio previo de la vida y obra de cada cantautor entrevistado, lo que hace de cada pieza una conversación antes que un interrogatorio. Las preguntas de los entrevistadores (rol que alternan ambos autores) no son neutrales ni reiteradas y, en todo caso, guían y aportan al texto que leemos.

Así y todo, me permito distinguir tres “grupos” de preguntas que se despliegan en todos los capítulos del libro: 1) las relacionadas a la infancia e inicios musicales de los cantautores, donde se revelan verdaderas joyas de data puntual, que enriquecen las múltiples referencias cruzadas de obras vastas, sobre todo en las respuestas de los más longevos, Silvio Rodríguez y Daniel Viglietti (fallecido en 2017); 2) las indagaciones sobre las concepciones estéticas -musicales y líricas- y los procesos creativos de cada autor; que evidencia similitudes y diferencias de contexto cultural, formación académica y búsqueda artística; 3) la reflexión acerca de la dimensión política, histórica y social de la canción; que confirma el compromiso de estos artistas con el Pueblo con mayúsculas y, en todo caso, con una crítica inteligente al poder, que traza una línea transversal en la obra de estos autores que llevan “el necio corazón con las arterias a la izquierda” como escribe nuestro cantautor René Úzqueda.

Con claridades y elocuencias diversas, y perspectivas muy personales, la historia de cada artista se construye ante los lectores a pesar de la fatal limitación de una entrevista. Más allá de que seas fan o no de estos artistas, o que los encuentres por primera vez, este documento permite acercarnos a su obra en un contexto espacial y temporal bien informado, de códigos cómplices que establecen desde la primera página Larraín y Claros. Este tipo de textos, a estas alturas, son sobrevivientes de una forma de prensa musical escrita que ha ido cediendo paso a la inmediatez del video, que tiene su propio lenguaje y valía pero que, en el caso de artistas que escriben, que hacen de la palabra un territorio, y que no siempre son performers sonrientes ante las cámaras, nos proporciona el gusto de leer lo que tienen por decir.

En un medio que suele privilegiar o jerarquizar a los artistas por su extranjería o fama, es grato encontrar la más extensa y detallada entrevista que conozco a César Junaro, hombre de Savia Nueva, que reconstruye desde la historia personal un camino de la música boliviana marcado por la vida en los centros mineros, la influencia juvenil del rock, el ascenso y consolidación del folklore en la música boliviana y un entronque generacional (en las décadas de los 60’, 70’ y 80’) en el repertorio popular latinoamericano como resistencia cultural y política.

No son muchos los aportes a las biografías de artistas que se proponen desde nuestro país, más acostumbrado a consumir que a producir en varias materias (y que, en el caso de figuras nacionales, suele tropezar con la obsesión institucional por el perfil archivístico, regional y canónico de ciertos autores, no solo en la historización de la música, sino de todas las expresiones artísticas). De ahí que la contribución de Queda la música sea pertinente y encomiable, y hasta sorpresiva, en el medio editorial boliviano.

En lo personal, como escritor de canciones y admirador confeso de varios de los artistas entrevistados en este libro, reafirmo algo que sostengo desde hace un tiempo: lo que un músico piensa y siente acerca de sí mismo, de su arte, de su tiempo y de su espacio, no siempre se expresa explícita y completamente en sus canciones. Este libro, que es en realidad un encuentro, no solo amplifica el universo y la trayectoria creativos de los autores, sino que también reivindica procesos en que el arte conecta con (y acompaña a) la historia, y no es mero entretenimiento. Las idiosincrasias individuales de cada artista nunca renuncian a un sentido de identidad colectiva y, en una época que privilegia una música serial, desmemoriada y apolítica, renueva el ideal latinoamericanista, entendido como un horizonte fraternal que abraza y valora a los pueblos colonizados. Pese a siglos de esclavitud, expolio, genocidio, represión y exclusión política y social seguimos aquí y encontramos en la música uno de los espacios más significativos de resistencia.

Queda la música es un libro para melómanos, para fans, para historiadores de la música, y un justo reconocimiento a una estirpe de músicos que, a diferencia del montón, sí merecen llamarse creadores de contenido.

Vadik Barrón es músico y poeta.

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