Llega Clavijo, un hombre que se pone violento

Textual

Isa

Colectivo Liminal pone a un trío de hombres en escena: Alejandro Molina, Francisco Barrios y Kike Gorena, los que se mueven en los límites de la realidad y la ficción, de la prosa y el diálogo, del texto y la música. ¿Para qué? Para señalar el mandato de la masculinidad en una institución/poder que sepultó el caso del feminicidio de Hanalí Huaycho, que protegió al policía criminal y que dejó de mirar al testigo principal: un niño.

Mabel Franco O.

A Alejandro Molina, teatrista, hombre, boliviano, le conmovió profundamente un feminicidio ocurrido en La Paz en 2013.  Por la violencia, claro, por la manipulación de la justicia, por la falta de respuestas, pero, sobre todo, por el testigo. “En ese tiempo, mi hijo tenía la misma edad de aquel niño que vio cómo su padre asesinaba a sangre fría a su madre”. Cómo se supera un trauma así, se preguntó el dramaturgo y de inmediato se puso a escribir: “De golpe tenía las cuatro primeras escenas que narraban el crimen visto desde los ojos de un niño de cinco o seis años”.

Con esa especie de desahogo, Molina, a quien conocemos desde los tiempos del Teatro Duende, en la segunda mitad de los 90, dejó pasar el tiempo; pero no para olvidar, sino para investigar, atar cabos con lo que se publicaba en la prensa. Lo que fue evidente es cómo justicia y políticos jugaron con el caso: que el asesino, el teniente de policía Luis Clavijo Ovando, no pudo ser hallado por sus camaradas sino cuando apareció un cadáver en la zona de La Asunta y éste le fue atribuido al feminicida para cerrar el caso; que a la madre de la víctima de feminicidio, la periodista Hanalí Huaycho, no la dejaron ver ese cadáver; que el tal Clavijo había sido un nexo para el operativo con muertos ordenado por el gobierno del MAS en el hotel Las Américas, etc.

Lo cierto es que ese multiverso, como le llama Molina, no lo dejaba dormir y en sus desvelos fue dando forma a una obra dramatúrgica. Una obra de teatro documental basada en archivos de prensa y audios recuperados de internet, pero con la ficcionalidad que le da la manera de contar, de generar una narrativa en la que un niño, esa víctima de una sociedad que no se da tiempo para reflexionar sobre su responsabilidad, desafía a hacerlo.

La obra ya terminada fue enviada al Concurso Municipal de Escritura Dramática “Adolfo Costa Du Rels”, con el título de Dentro del miedo,  y resultó premiada en 2021. “Este fue un buen incentivo” para pensar en llevarla a escena, una misión, explica el autor, que implica “ir llenando los huecos que va dejando mi escritura, es decir, trabajar para contextualizar”, algo que ya pasó con Las cartas del cabo, texto de 2010 que remite a la Guerra del Chaco a partir de testimonios que permiten ver el rol de las mujeres en esa contienda.

Una obra, además, la de Las cartas del Cabo —ganadora del IV Premio Nacional Petrobras para Noveles Escritores 2010—, que le permitió descubrir el gusto por la historia, sea de país, sea de caso.

Un Colectivo Liminal

Para montar la obra, Molina contactó a Francisco Barrios, músico e intérprete a quien conoció como parte del Teatro La Cueva, en Sucre. Había que hallar al actor que encarnase a Clavijo, que tuviese ductilidad y muchos registros, además de compartir el mismo lenguaje o afinidad artística. “Kike Gorena”, se dijeron ambos, y pese a la distancia que hoy los separa —Molina vive hace cuatro años en Samaipata (Santa Cruz) y Gorena, hombre clave del migrante grupo La Cueva, en La Paz— lograron armar equipo.

Así comenzó el mencionado proceso de contextualización que implica más investigación. “Fuimos abriendo el foco para hablar ya no solamente de injusticia y violencia, sino de estructuras como las que señala Rita Segato, por ejemplo, la Policía y el mandato de masculinidad. “Vimos cómo se estructura esta organización bajo tal mandato, al grado de revictimizar a Hanalí Huaycho o de señalar como víctima a Clavijo, el agresor, que en la narrativa de sus camaradas es un pobrecito hombre tentado por los espíritus del mal”. Y esta acción no es ficción, sino que la protagonizó un policía cuando se arrodilló ante una cruz con la foto de Clavijo. 

En cierto momento, “nos dimos cuenta de que teníamos mucha información, que había que sacar cosas, pero sobre todo enfrentábamos un problema: no es una narrativa lineal y algunos textos no son diálogo sino prosa, ¿cómo hacemos para montar algo así? Decidimos hacer algo en medio del teatro, la literatura y la música, y por ello nos bautizamos como Colectivo Liminal. No es nada nuevo, pero corresponde a nuestra búsqueda”.

La obra teatral titulada Clavijo (ese hombre se pone violento), ya no sólo aborda, como ocurre con el texto Dentro del miedo, la violencia y la injusticia, sino que señala la manipulación de información, de pruebas —que halla su correlato en la manipulación de objetos en escena— y la estructura de la Policía corroída por el mandato de masculinidad. 

“Agarrando sólo este caso nos encontramos con un universo de temas”, dice el dramaturgo, codirector junto a Gorena y también actor de Clavijo… “La obra no es panfletaria ni reivindicacionista, sino todo lo contrario: invita a ver la realidad y a tener visión crítica al respecto. Apostamos, eso sí, al humor ácido, negro, para enganchar con el público”.

Molina, el orureño

Alejandro Molina Valdivia es orureño. Se formó en teatro con el grupo Duende de La Paz, junto a Percy Jiménez, Pedro Grossman y Erika Andia, en tiempos en los que, inspirados por Teatro de los Andes, la vida en comunidad era el instrumento y el rigor y la disciplina, las exigencias. Trabajó también con Cristian Mercado, en el grupo Oveja Negra, y luego se formó en la Escuela Nacional de Teatro, en Santa Cruz, de donde egresó en 2006 con el título de técnico superior.

De vuelta “en el mundo exterior”, el proceso de reconexión fue largo, dice Molina, que actuó incluso en cine (El ascensor, 2009). Entre 2020 y 2025 se dedicó a la pedagogía y a escribir. Se fue a vivir a Porongo y luego a Samaipata “en busca de una mejor educación para mi hijo, algo menos agresiva que en una ciudad”. Así, “la vida me ha traído aquí, y entonces el bichito del teatro empezó a morder de nuevo y así nació, en 2024, El valle de la purificación, un espectáculo callejero grande con el que se inauguró el festival TakuApu local”.

Sobre su escritura, Molina reconoce la influencia de varios maestros, aunque ha sido clave, dice, un taller sobre poética dictado por el argentino Sergio Mercurio hace ocho años. “Estaba un poco perdido y ese taller me ayudó a centrar lo que sabía y a descubrir la poética propia”.

De gira con Clavijo

La propuesta ganó el apoyo financiero del Centro de la Revolución Cultural (CRC), de la Fundación Cultural del BCB, en 2026, lo que le ha permitido producirla y asegurar una gira que comienza en Samaipata este 16 de septiembre, donde se presentará en Candilejas Espacio Cultural. A las 18:00  el ingreso es gratuito y con pago a las 21:00.

En Santa Cruz de la Sierra estará el 19 de septiembre, gratuitamente a las 17:30 y con entrada pagada a las 20:00 en el Centro de la Cultura Plurinacional.

En La Paz, en el Espacio Cultural Wawitay (calle Linares 1017 casi esquina Tarija, al lado del Hotel Lion Palace), se presentará el 24 de septiembre a las 17:30, con ingreso libre. Ese mismo día, además del 25 y el 26, a las 20:00, con pago de entrada.

Mabel Franco es periodista cultural

Ficha técnica de Clavijo (Ese hombre se pone violento…), una obra de teatro documental.

  • Actúan: Kike Gorena , Alejandro Molina, Francisco Barrios.
  • Dirección: Gorena/Molina
  • Composición musical: Francisco Barrios.
  • Dramaturgia: Alejandro Molina
  • Diseño sonoro: Sergio Medina y Verty Bracamonte.
  • Vestuario: Belén Iñiguez
  • Diseño de luces: Ariel Muñoz

Proyecto apoyado por el Centro de la Revolución Cultural, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, en el marco del Fomento a la productividad cultural y la creación artística 2026.

Fragmento del guion de puesta

Escena 2:  La siembra de pruebas

(En la oscuridad, los agentes de negro presentan las cajas con documentación. Dejan una en la esquina izquierda de la escena. Arman la mesa y exponen las pruebas del caso. Reciben una llamada que les ordena salir. Recogen las pruebas y abandonan apresuradamente el lugar. Uno de los agentes queda dando explicaciones al público)

                    (Pausa)

Pobre hombre. Era un buen policía.

                 Al momento se desconoce su paradero, pero el operativo de búsqueda está en curso. Vamos a encontrarlo vivo o muerto. No es una promesa, es una razón de sentimiento a la familia de los medios de comunicación, a la familia policial y al país.

(Se persigna y adopta la postura de oración)

 “Con toda nuestra energía, arrojamos a las profundidades del abismo a los espíritus del mal que provocaron que nuestro hermano tome esta decisión. Lo arrojamos señor, en lo más profundo del abismo, y lo encadenamos con la sangre de Jesucristo Señor, por los siglos de los siglos… Los espíritus del mal, señor, deben quedar encadenados en la profundidad del abismo.”

(Vuelve a dirigirse al público)

Quiero ser claro y contundente en este sentido: la policía boliviana en ningún momento lo va a proteger ni va a favorecer a nadie. ¡A nadie! El menor indicio va a ser encausado en el mismo proceso, por encubrimiento.

                              Pobre hombre…

                    (Vuelve a tomar la postura de oración)

“Padre mío, padre, bendice a este pueblo. (Campanitas y rezos) Bendice la vida de mis camaradas, que hacen todo el esfuerzo para poder encontrar a tu hijo. Señor, perdónanos. Perdónanos si te hemos fallado.”

(Vuelve a dirigirse al público)

Todos somos propensos a caer en la maldad. Y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. (Cesan los rezos. Campana) Queremos que el pueblo boliviano sepa que este elemento ya ha sido dado de baja… Ya no forma parte de la institución verdeolivo. ¡Lo vamos a encontrar!

Incluso hemos pensado en ponerle precio a su cabeza.

                              Pero es que era tan bueno… ¡Tan bueno!

(Apagón. Suena la armónica. Los agentes de negro retiran la mesa)


Fotos: Carlos Orías

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