Sergio Gareca
Con mucha alegría vemos la disposición del Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía de Bolivia, que a través del Viceministerio de Culturas y Folklore llevará adelante una nueva versión de las jornadas culturales. Es muy importante que se parta de un diagnóstico realizado desde los agentes culturales que intervienen en distintas ramas del quehacer cultural, que siempre es muy complejo.
Estoy seguro de que el primer día de estas jornadas no va a faltar el chango (digamos chango vintage), que va a levantar su mano y dirá: ¿Primero definiremos qué es cultura? Porque nunca falta uno de esos y estamos: paja y paja, durante tres días.
Creo que debemos partir de dos cosas: una, identificación de errores del pasado, desde la primera versión de 2008, pasando por muchos cambios en el ministerio y en los ministros. Y dos, propuestas claras.
En ese sentido voy a exponer algunas ideas.
Errores del pasado
El control social, la representación artística, la división permanente
Los consejos de cultura, según dice el Decreto 064, debían ser un ente de fiscalización y control social, bajo el espíritu de que todo el país estaba en cogobierno con los movimientos sociales. Pero pronto los ministros que no eran partidarios de la idea vieron sólo a un verdugo en casa y decidieron eliminar los consejos a pura indiferencia, porque nunca se abrogó el decreto.
Algunos sectores de la masa artística y cultural no aceptaron las mesas temáticas y las representaciones. Directamente, actuaron bajo monopolio de presión. Y fueron sacando favores del gobierno central a espaldas de todo el mundo, ya sea en infraestructura o en otros proyectos sociales. No voy a decirlo con exactitud porque no quisiera que lleguemos a las jornadas con susceptibilidades. El detalle aquí es que nunca se ha aceptado una sola representación para dialogar ni con el presidente ni con los ministros.
Por otro lado, están los dinosaurios. Gente que siempre se ha acercado al ministerio con total indiferencia por el bien común. Gente que ha dicho: “Yo soy el gran artista y yo en mí mismo soy una institución”.
En otro sentido, hay monopolios también en distintos ámbitos. Actividades o hechos culturales que nunca van a querer entrar en una agenda común y que siempre hacen las cosas por separado. A las fiestas populares, por ejemplo, les importa un pepino si la gente lee o no lee, si se roban la iglesia patrimonial o si se muere el último wenayek: yo voy a lo mío y ya está.
Están también los que ni siquiera se han enterado del asunto. De las 36 lenguas de Bolivia, estoy seguro de que ni la tercera parte se siente con derecho en el Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía porque, además, en todos estos años nadie les ha ido ni siquiera a dar un solo panfleto del gobierno pluricultural.
De ahí ya saltan el gran problema del centralismo, la mala distribución del presupuesto del ministerio y la poca transparencia en ese sentido. Hoy también caemos en ese error, al tener dos ciudades del departamento de La Paz en la programación de las jornadas culturales. ¿Por qué no Llallagua en representación de todo el norte de Potosí, cuyo aporte cultural es históricamente importante? Uyuni, ¿no es acaso la capital del turismo nacional? ¿Tupiza? ¿Quillacollo? ¿Yotala? ¿Aiquile y Totora? ¿Riberalta? ¿Huanuni? ¿Por qué no los Urus del lago Poopó, cuyo territorio no suma ni siquiera las 50 hectáreas y es la cultura más antigua de nuestro país? Nótese que he empezado por Potosí, para que no se diga que estoy hablando por puro regionalismo orureño.
Dentro de los errores puramente administrativos, el Estado boliviano no tiene los mecanismos normativos para cumplir con las necesidades de la población en cuanto a gasto público. Un municipio puede comprar 18.000 mochilas chinas en una licitación, favoreciendo quién sabe a quiénes, y no puede pagar los premios, no puede adquirir obras de arte, no puede pagar consultorías, ni puede auspiciar encuentros y festivales como se debe. La respuesta es siempre la misma: el ministerio sólo tiene plata para sueldos, luz y agua.
Conclusiones de la problemática
Hay dos cuestiones clave. Una, el problema de unidad en los agentes culturales, independientemente del Estado; dos, la relación del Estado con el movimiento cultural y la sociedad.
Esto se tiene que definir.
En el primer caso, no tenemos la madurez para hacer un solo frente. Sería mucho más fácil que hubiera un movimiento de legalización de la marihuana en Bolivia que un movimiento cultural unificado.
Esta reflexión debe partir del interior de las organizaciones culturales, que son muy variadas, desde totalmente anárquicas hasta totalmente institucionalizadas bajo una personería jurídica.
En el segundo caso, es decir, la relación del Estado con el movimiento cultural, aquel debe definir su relación con la sociedad mediante una norma actual, pertinente y legítima. Así sea con un decreto, para no estar empantanados en busca de una ley.
El Estado debe resolver dos cuestiones: ¿Quiénes son los agentes culturales que legítimamente van a hablar en representación de la sociedad civil y mediante qué instancia? ¿Cuál va a ser la política que ha de permitir que el gasto público llegue democráticamente, de manera justa y con equidad, a la sociedad civil, además de encontrar una fuente pública de ingreso?
Creo que el programa de intervenciones urbanas ha sido la mejor experiencia y es susceptible de perfeccionamiento.
Propuesta
Para ser claro y concreto:
- El presupuesto del ministerio, sea cual sea la ruta que tome su gestión, debe ser regionalizado.
- Como fuente de ingreso para recursos públicos:
- Quienes hacen mayor uso del producto cultural y de la propiedad intelectual son los usuarios de internet. Que el ingreso de Entel y de las proveedoras de redes tenga un impuesto mínimo exclusivo para la protección del patrimonio cultural boliviano y todos los procesos creativos.
- Yendo por la línea de tomar la gastronomía como eje transversal de la cultura, que se consideren las fiestas de calendario, como San Juan (con los hot dogs), Navidad (panetones) y otras que tienen distinto tipo de consumo (como las espumas de Carnaval o los regalos del Día de la Madre, etc.). Que tengan un impuesto para este nuevo despegue de la cultura boliviana.
- Que se permita un mejor alcance de la cooperación internacional mediante ferias a la inversa.
- Hay que sanear el gasto público para que las partidas y el POA identifiquen claramente la inversión cultural.
- Cualquier representación artística y cultural debe tener su proceso de legitimación.
Abrazo a todos los colegas del arte y la cultura.
Sergio Gareca es escritor orureño.