Habitar el tiempo, el cuerpo, lo efímero

Textual

Isa

Evelyn Griselda Callapino Guarachi, Qhantati
El presente trabajo obtuvo el tercer lugar del Concurso de crítica amateur de teatro convocado en el marco del XV Festival Internacional de Teatro de La Paz  - Fitaz. El jurado ha considerado que el texto refleja una apreciación emotiva sobre lo corporal en la obra ‘Habite-me’, que deja sentir una voz propia tejiendo hábilmente el contexto —el cuerpo, el títere, la danza—con los argumentos de una lectura sensible.

¿Cuánto tiempo habitamos un cuerpo, un amor, una vida? Esa fue una de las preguntas que me dejó Habite-me, de la artista brasileña Carolina Garcia Marques. Una obra sin palabras que, a través de cuerpos, títeres, música y formas que se transforman, habla de algo tan cotidiano como difícil de asumir: nada de lo que habitamos permanece intacto.

En medio de un escenario rodeado de formas indefinidas que se inflan, se desinflan y cambian constantemente, aparece una anciana junto al cuerpo casi inerte de su marido. Ella dialoga con él sin palabras. Lo sostiene, lo mueve de un lado a otro, lo abraza. Una maleta roja llena de flores del mismo color acompaña la escena, como si guardara los rastros de una vida compartida. Hay algo profundamente cotidiano en sus movimientos: no vemos solamente la muerte, sino a una mujer que parece resistirse a dejar ir a quien ha habitado una parte de su vida.

Luego, entre el humo y esas formas que nunca terminan de permanecer iguales, aparecen dos figuras de mujeres. Se encuentran, se abrazan y bailan al ritmo de la música instrumental. Una es la vida y la otra, la muerte. Sin embargo, por momentos resulta difícil distinguirlas.

Se confunden, coexisten, casi parecen necesitarse para poder moverse. La muerte deja de aparecer entonces únicamente como el final de la vida: ambas comparten un mismo baile.

La última escena nos lleva hacia el nacimiento. Una madre recibe a un bebé salido de su vientre y comienza a relacionarse con él. La luz tenue, los tonos canela y una música cargada de ternura acompañan ese pequeño espacio compartido entre los dos. Pero tampoco este cuerpo permanece. El bebé termina desarmado, convertido en fragmentos esparcidos sobre el piso. La madre contempla lo que queda, sufre y finalmente se marcha. La imagen resulta perturbadora precisamente porque aquello que unos instantes antes tenía movimiento y parecía vivo vuelve a ser materia.

Las tres escenas son pequeños fragmentos de un tiempo que pasa y transforma los cuerpos, de la misma manera en que las estructuras que acompañan la obra se inflan, se desinflan, aparecen y cambian de forma. La vejez y la muerte conviven con el nacimiento; el amor con la pérdida; la maternidad con la separación. Entre unos y otros queda un hilo que los conecta, casi como un cordón umbilical: distintas formas de habitar y ser habitados por otros durante un tiempo que nunca podemos detener.

Quizás allí se encuentra uno de los mayores aciertos de Habite-me. Carolina Garcia Marques está sola sobre el escenario y, sin embargo, nunca parece estarlo. Su cuerpo hace aparecer ancianos, mujeres, un bebé; da vida a títeres y luego permite que vuelvan a ser objetos. Por momentos incluso resulta difícil distinguir dónde termina el cuerpo de la actriz y dónde comienza el de aquello que manipula. Esa confusión no es solamente un recurso visual: sostiene la pregunta que atraviesa la obra.

Tampoco necesita palabras. Los cuerpos dialogan, la música acompaña sus encuentros y despedidas y las formas abstractas del escenario parecen respirar junto a ellos. Todo aparece, ocupa por unos instantes el espacio y finalmente desaparece. Habite-me convierte así el cuerpo en un lugar transitorio: habitamos nuestro cuerpo, pero también los afectos, las pérdidas y los cuerpos de quienes pasan por nuestra vida. Tal vez lo efímero no sea solamente aquello que desaparece, sino aquello que, precisamente porque sabemos que no permanecerá, deja una huella mientras lo habitamos.

Ficha técnica

Obra: Habite-me

País: Brasil

Actuación: Carolina Garcia Marques

Dirección: Paulo Balardim

Evelyn Griselda Callapino Guarachi es historiadora

Fotos: FITAZ e Isabel Navia

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