«Comerse el mundo a los 22»: los primeros 50 años de la Cinemateca Boliviana

Textual

Isa

Transcripción editada por Isabel Navia del discurso ofrecido por Carlos Mesa Gisbert durante el acto de conmemoración de los 50 años de la Cinemateca Boliviana, el 28 de julio de 2026.

Luego de 50 años, cabe preguntarse si es verdad aquello de que uno se puede comer el mundo. Cuando uno tiene 22 años, cree genuinamente —e ingenuamente— que puede comerse el mundo.

En 1976 yo tenía 22 años. Hoy tengo 72 y estoy aquí para celebrar los 50 años de una aventura fabulosa, la más importante que en ese momento de mi vida me tocó encarar.

Carlos Mesa Gisbert durante su discurso.

Para entender esa historia hay que situarse en el contexto de un gobierno militar, el del general Banzer, y en la iniciativa personal de una mujer que, creo yo, fue el eje, la fuerza y el sueño de la Cinemateca. No fue la primera en imaginarla; muchos lo habían pensado desde la década de 1950. Me refiero a Amalia Dávila de Gallardo.

Amalia era un verdadero dínamo. Una persona de voluntad excepcional, profundamente creyente en los temas de la fe y en que había desafíos posibles y necesarios. Fue ella quien decidió llevar a la práctica la idea de una Cinemateca Boliviana.

Dirigía entonces el Departamento de Espectáculos de la Alcaldía, responsable de la censura cinematográfica: cortar películas, definir clasificaciones por edades, decidir qué podía verse y qué no. Esa fue la excusa perfecta para contratar a dos jóvenes y decirnos: «Solo jóvenes como ustedes pueden comerse el mundo».

Fue entonces cuando conocí a Pedro Susz.

Permítanme decirles que, si hoy lamento una ausencia, es la de Pedro. Él debería estar aquí, con muchas más credenciales que yo, contando esta historia maravillosa. Mi homenaje a un hombre sin el cual no podríamos entender la creación, el desarrollo y el impulso de la Cinemateca.

Yo tenía 22 años; él, 26. Venía de estudiar Comunicación en la Universidad de La Plata, recién casado con Norma Merlo, otra mujer entrañable para el arte, el teatro, el cine y la creación.

Ana y Clemencia (de boletería), el acomodador (no tenemos su nombre), Elizabeth Carrasco y Norma Merlo.

Pero había que convencer a quien podía hacerlo posible: Mario Mercado.

Mario Mercado era alcalde, senador, dirigente de ADN, muy cercano a Hugo Banzer, bolivarista convencido y el más grande dirigente del fútbol que ha tenido este país. Era un hombre que decía sí o no, y su respuesta era definitiva.

Cuando Amalia, Pedro y yo fuimos a plantearle la creación de la Cinemateca, nos observó con cierta desconfianza. Sabía que Pedro era estronguista, lo que en ese momento era bastante complicado. Finalmente nos dijo: «A ver si ustedes, changos, son capaces». Ese fue el desafío.

Y hubo otro dínamo indispensable: Renzo Cotta, un italiano de toda italianidad, más italiano que Paolo Agazzi, que ya es difícil. Dirigía el cine 16 de Julio y aportó parte del pequeño patrimonio inicial con el que nació la entonces Cinemateca de La Paz.

Amalia de Gallardo, Mario Mercado y Renzo Cotta.

Mario Mercado, Renzo Cotta y Amalia Dávila fueron el triángulo fundamental sin el cual sería impensable todo lo que hoy estamos viviendo.

Pedro y yo asumimos las funciones de gerente general y asesor general. Yo debo confesar algo: no sabía quién era Kurosawa. Pedro me miraba de reojo.

Cuando nos trasladamos al edificio de San Calixto, fuimos a comprar una mesa usada en la calle Murillo. Poco antes nos dieron la posibilidad de tener un día a la semana en la Casa de la Cultura Franz Tamayo y de un pequeño cubículo de cuatro por cinco metros en el quinto piso. Ese era el depósito de películas de la Cinemateca.

Un día llegó el pianista Julio Barragán, impecablemente vestido. Era un hombre muy, muy atildado y muy bien puesto.

—Quiero saber si ustedes son responsables de recibir lo que les voy a entregar.

En realidad, no éramos responsables de nada, porque el Archivo Nacional de Imágenes en Movimiento simplemente no existía.

Traía con toda sonoridad una placa de película, la primera de la historia de la Cinemateca: Laredo de Bolivia, dirigida por Jorge Ruiz en 1958.

Era un documental extraordinario. Mostraba al joven violinista Jaime Laredo, de apenas 17 años, después de ganar en Bélgica uno de los concursos de violín más importantes del mundo. Aparecía recorriendo, en un Cadillac de la Presidencia de la República, la pista atlética del estadio Hernando Siles, mientras un estadio completamente lleno escuchaba fascinado a aquel héroe boliviano.

Esa película fue el punto de partida del Archivo Nacional que hoy tenemos.

Julio Barragán

No sé si realmente nos comimos el mundo.

Yo estuve en la Cinemateca entre 1976 y 1985, antes de dedicarme a la televisión y a otra serie de actividades que son de público conocimiento, más o menos poco cristianas, y algunas otras historias.

Creo que debemos hacer un homenaje especial a Mario Mercado, reconocer a ese gran alcalde y a ese hombre extraordinario que fue Renzo Cotta.

Con el tiempo vi partir a todos ellos. El cáncer se llevó a Mario Mercado. También a Amalia Dávila de Gallardo y a Renzo Cotta, un hombre que parecía indestructible y que se despidió con una sonrisa.

Hoy la Cinemateca puede decir, como ya lo mencionó Mela, que conserva alrededor del 80 % del patrimonio audiovisual boliviano.

Pero ese logro no depende únicamente del conocimiento, de la preparación académica o de la capacidad técnica. Depende, sobre todo, de la disposición para hacer de todo: limpiar una sala, cargar una lata de película, mover un archivo, salir a comprar un mueble, compartir durante horas una única máquina de escribir Olympia y un espacio de apenas dos por tres metros.

Estar dispuesto a todo. Eso es construir una institución.

Han pasado 50 años.

Recuerdo también a Cacho Muñoz, una persona buena, práctica y optimista por definición. Solía decir, con humor: «La última película que vi fue Pelota de trapo, de 1948″. Pero también decía: «Voy a quedarme aquí, como director y presidente de la Fundación, hasta el día -y ni uno más- en que entreguemos el edificio de la Cinemateca Boliviana».

Francisco «Cacho» Muñoz

Ese edificio, inaugurado en octubre de 2007 y diseñado por Cecilia Scholz y Juan Carlos Araníbar, tan baqueteado y vapuleado por la falta de recursos. Hoy estamos restaurándolo y me llena de alegría decir que mi hijo, Jorge Ignacio, participa como arquitecto responsable de esa restauración.

La Cinemateca está viva y coleando.

Ha tenido presidentes de la Fundación como Mario Mercado, Amalia Dávila, Cacho Muñoz, Marcos Loayza, Antonio Eguino, Ximena Valdivia, Javier Zárate… seguramente olvido a alguno. Hoy la preside Alfonso «Moro» Gumucio, junto con Mela Márquez.

Ustedes forman parte de este patrimonio y de este compromiso.

Necesitamos recuperar algo fundamental para nuestros “consumidores”: fe en lo que hemos hecho.

Creamos una fundación privada sin fines de lucro. La Cinemateca es el único repositorio nacional de imágenes en movimiento del país, equivalente, en su ámbito, al Archivo y Biblioteca Nacionales, la Casa de la Moneda o el Museo Nacional de Arte. Somos depositarios de un patrimonio que pertenece a todos los bolivianos. Depositarios serios, responsables, creíbles.

Y creo que es tiempo de que el Estado construya con nosotros una buena relación con nosotros. Buena en el sentido creativo, en el sentido de construir juntos este futuro común.

Porque la imagen en movimiento tiene una diferencia extraordinaria respecto al papel o a un cuadro: cada vez que se enciende la pantalla, vuelve a la vida.

Los personajes de Wara Wara, Mi socio, Chuquiago, La nación clandestina, Zona Sur o Cuestión de fe reviven una y otra vez.

Preservar. Difundir. Educar. Construir. Compartir.

En estos cincuenta años de la Cinemateca Boliviana, mi homenaje para quienes ya no están. Mi reconocimiento para quienes hoy siguen haciendo tanto por esta institución.

Y sí, creo que la metáfora de comerse el mundo sigue siendo válida.

Nos comimos el mundo.

Y aunque Pedro ya no esté a mi lado, hoy, cincuenta años después, estamos aquí celebrando aquello que parecía imposible cuando teníamos 22 años.

Muchas gracias.

El discurso completo puede verse en nuestro canal de YouTube.

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