Isabel Navia
Blue Moon
Quien no haya tarareado, al menos una vez, Blue Moon, que interpretaron figuras como Frank Sinatra, Billie Holiday, Elvis Presley, Ella Fitzgerald o Rod Stewart, puede pasar de largo. O, mejor aún, quedarse, poner la canción y seguir leyendo.
Blue Moon fue compuesta en 1934 por el dúo estadounidense Richard Rodgers (música) y Lorenz Hart (letra), quienes en total crearon más de 500 canciones juntos. Aunque nació para una película, Blue Moon se publicó de forma independiente y pronto se convirtió en un estándar del jazz, popularizado por grabaciones desde 1935 y por su presencia en numerosas bandas sonoras. Son célebres, por ejemplo, la versión de Bobby Vinton en Un hombre lobo americano en Londres (1981), durante la escena de la transformación, y la de Elvis Presley en Mystery Train (1989).

Otro ejemplo es The Lady Is a Tramp (1937), conocida sobre todo por la interpretación de Sinatra y, décadas después, por el memorable dueto entre Tony Bennett y Lady Gaga. Mi favorita, sin embargo, sigue siendo My Funny Valentine, otro estándar del jazz que ha pasado por incontables voces y que en la de Sting encuentra una de sus versiones más bellas.
Hago esta introducción tan solo para mencionar al letrista de dichas canciones, Lorenz Hart, protagonista una de las más recientes películas de Richard Linklater, figura esencial del cine de autor y responsable de joyas como La Trilogía «Antes»: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004), Antes del anochecer (2013); Boyhood (Momentos de una vida) (2014), filmada durante 12 años con los mismos actores y Escuela de Rock (2003), comedia protagonizada por Jack Black.
Linklater ha creado otra joya con Blue Moon, una biopic que retrata a un hombre del que probablemente sabemos muy poco y que escribió letras de piezas que hoy por hoy son universales. Pero más allá del personaje, Blue Moon es una de las películas imprescindibles del año, por la forma en que nos cuentan la trama y por la espléndida actuación de Ethan Hawke.
Salvo una breve secuencia, fue filmada en una sola locación, y la historia parece contada en tiempo real; es como ver una pieza teatral, un deleite.

Ethan Hawke realiza una actuación soberbia, apropiándose de la pantalla con un personaje inusual en su carrera, logrando la que, a mi juicio, es la mejor actuación del año, al recrear en clave de ficción una noche decisiva para el letrista, pocos meses antes de su muerte. La película es casi un monólogo que atrapa desde el primer minuto.

Nouvelle Vague
Otra vez, la remembranza. Si no has visto películas de Jean Luc Godard, Agnès Varda o François Truffaut —algo que conviene remediar—, al menos habrás oído hablar de ellos o de la llamada Nueva Ola Francesa, la Nouvelle Vague.

Este movimiento surgió en 1959, en París, cuando un grupo de jóvenes críticos de la revista Cahiers du Cinéma, convertidos en directores por derecho y determinación, decidió que el cine ya no sería un artificio de estudio, sino un reflejo de la vida misma. Las claves de su manifiesto fueron claras: llevar el rodaje a las calles, con luz natural y diálogos cercanos a la improvisación; la ruptura del montaje, que transformó en estilo lo que antes se consideraba un error; y un legado que, seis décadas después, sigue vivo en el cine contemporáneo y en el reciente homenaje de Linklater, quien retrata a estos cineastas no como héroes de mármol, sino como lo que fueron: jóvenes rebeldes con poco presupuesto y mucha ambición.
Liderados por figuras como el audaz Godard, los cineastas de la Nouvelle Vague destrozaron las estructuras clásicas del séptimo arte para imponer la libertad del director-autor. Ese momento ha sido recreado recientemente en la gran pantalla en otra biopic de Linklater, una película que también puede verse como una carta de amor al cine y que reconstruye con precisión casi mágica el rodaje de Sin aliento (À bout de souffle), el film que cambió las reglas del juego.

Se trata de una obra necesaria, que narra un capítulo fundamental de la historia del cine occidental, jugando con el registro documental, utilizando un blanco y negro exquisito y colocándonos en la piel de las grandes figuras de aquella época. Durante un par de horas, nos permite asomarnos a un momento irrepetible y fascinante, con un sutil aire de déjà vu felliniano. El elenco, elegido con precisión, resulta simplemente seductor.
Una vez más, Linklater no ha hecho una, sino dos películas memorables en un mismo año.

Fotos: IMDB