Isabel Navia
La Cátedra Luis Ramiro Beltrán revisó hoy la trayectoria periodística y literaria de Juan Carlos Salazar del Barrio, más conocido como “El Gato”, en un encuentro que recorrió sus años de oficio, su incursión en la literatura y sus reflexiones sobre el presente y el futuro del periodismo.
El encuentro contó con la presencia, en el panel, de José Luis Aguirre Alvis, Elías Blanco, Robert Brockmann y Claudio Rossell.
En la sesión se destacaron los vínculos de Salazar con Tupiza, su lugar de nacimiento, una tierra que, como destaca el investigador Elías Blanco, ha dado numerosos escritores y figuras de la cultura boliviana.
Tras jubilarse de la Agencia DPA en España, Salazar regresó a Bolivia y, a pedido del padre José Gramunt de Moragas, colaboró en la modernización de la Agencia Fides. Ese retorno también le permitió recuperar parte de su producción periodística. Su padre había conservado cuidadosamente recortes de sus artículos, incluidos trabajos que se perdieron durante el terremoto de México de 1985. Ese archivo familiar, resguardado luego por su madre, se convirtió en la base de varios de sus libros.
Para Juan Carlos Salazar, el periodismo es ante todo un oficio que se aprende en la redacción y tiene en el lenguaje su principal herramienta. Su experiencia en la DPA, donde trabajó con noticias, crónicas y semblanzas, fue una escuela fundamental. En ese recorrido encontró una relación natural con la literatura, retomando la idea de Manuel Leguineche de que “el periodismo y la literatura son orillas del mismo río”.
La literatura, explicó, permite explorar aquello que el periodismo deja necesariamente fuera. Las reglas de la profesión —la verificación, el contraste de fuentes y la precisión de los hechos— establecen límites que la ficción puede atravesar para imaginar los espacios vacíos de una historia.
Su primer cuento, La agonía del Che Guevara, surgió precisamente de esa necesidad de imaginar los últimos momentos del guerrillero, algo que no podía abordar desde una crónica periodística. Más tarde publicó Figuraciones y Presagios, este último atravesado por recuerdos, homenajes al Almanaque Bristol, el bolero y el cine, además de una presencia recurrente de la muerte y la memoria.
El encuentro también abordó su mirada política. Salazar señaló que las dictaduras le enseñaron a valorar la democracia y los derechos, y consideró la persecución a periodistas y las restricciones a la libertad de expresión durante el gobierno de Evo Morales como una “herida profunda”.
Frente a los cambios tecnológicos, sostiene que el periodismo no está muriendo, sino cambiando de soporte. Su esencia, afirmó, permanece: siempre habrá un periodista detrás de la información. En un contexto marcado por la desinformación, reivindicó la verificación, el contraste y la ética profesional como herramientas fundamentales.
La sesión concluyó con un reconocimiento a Salazar como uno de los periodistas bolivianos de mayor trayectoria, fundador y formador de nuevas generaciones, y como un escritor que ha convertido el encuentro entre periodismo y literatura en uno de los rasgos centrales de su obra.
