Daniel Choque León, Don Oso
Este texto obtuvo una mención en el Concurso de Crítica Amateur de Teatro convocado en el marco del XV Festival Internacional de Teatro de La Paz. El autor se pregunta, siguiendo la huella de lo propuesto en la obra I’m not a hero, de la Cie Fluctus de Suiza, sobre qué es ser un héroe hoy en día.
¿Qué es ser un héroe hoy en día? ¿Un héroe sigue siendo aquel que tradicionalmente supera todos los obstáculos para alcanzar su objetivo? ¿Un héroe es aquel que decide sacrificarse por otra persona o por una causa? ¿Es un mártir acaso? ¿O es algo más cotidiano como ayudar a una persona? La obra de teatro I’m not a hero de Cie Fluctus problematiza las concepciones actuales de un héroe en esta época y deja una gran pregunta en el aire: ¿Existen héroes o no?
Cie Fluctus es una compañía fundada en el 2018, conformada por Kevin Blaser y Faustino Blanchut. Ambos artistas “exploran nuevas formas de expresión teatral vinculadas a la contemporaneidad, con el objetivo de experimentar sin caer en el elitismo”, según la ficha de la obra en la página del FITAZ.
La obra de teatro empieza con los protagonistas —que se llaman y nombran entre sí por sus nombres de la vida real, Faustino y Kevin— formulando una pregunta que parece inocente al principio y que se repetirá a lo largo de toda la obra: “¿Está bien así?”, haciendo referencia a si los espectadores se encuentran cómodos en sus asientos. Kevin y Faustino transitan dos capas narrativas al usar el recurso de la caja china. La primera capa es la de la “realidad”, en la sala de teatro, donde constantemente se rompe la cuarta pared para realizar interacciones con el público. La segunda capa es la de la “ficción”, por así decirlo, donde Kevin y Faustino recrean dos historias que se entrelazan: la de un vándalo que fracasa en su intento de quemar un puente y la de un pescador que quiere llevar un pez para cenar a su casa. Ambos personajes necesitan ayuda. El vándalo no puede encender la leña para quemar el puente porque su leña está mojada y el pescador necesita ayuda para pescar. Cuando ambos personajes se encuentran, el vándalo le pide dinero al pescador para volver a su casa en metro. El pescador extrañamente le da una cantidad exorbitante de dinero, pensando que iba a ser asaltado. Después ambos personajes se separan y no se vuelven a encontrar.

Estas historias se desarrollan mientras el escenario se va llenando de agua por el bidón que carga Faustino y por la manguera que va derramando líquido durante buena parte del inicio de la obra. Los personajes, Kevin y Faustino, narran las historias del vándalo y del pescador mientras un cuerpo aplasta al otro. En una especie de danza parecida al Contact, los cuerpos de Kevin y de Faustino están en contacto de formas mucho más agresivas y particularmente violentas en los momentos de “ficción”, es decir, en las narraciones sobre el vándalo y el pescador, donde un cuerpo se impone al otro, lo aplasta, lo usa como un objeto de apoyo para narrar la historia.
Esos momentos de tensión en las narraciones, y de extrema tensión en los cuerpos, se rompen cuando los actores vuelven al plano de la realidad, al plano de la sala de teatro, y aún en las posturas más incómodas Kevin y Faustino se preguntan: “¿Está bien así?”
“¿Está cómodo así?”, “¿Se encuentra cómodo mientras lo aplasto con una parte de mi cuerpo?” Esas son algunas de las preguntas que a mí, como espectador, me hubiera gustado hacer si fuera Kevin o Faustino. Las historias “heroicas” en las que aparentemente se ayuda al otro, que narran Kevin y Faustino —el pescador que ayuda al vándalo y el vándalo que está cansado de la sociedad y quiere quemar un puente—, en contraposición con la imagen de dos cuerpos aplastándose violentamente remiten a una serie de preguntas importantes: ¿Qué es ser un héroe? ¿Es un héroe el pescador por ayudar a un vándalo y darle cincuenta euros? ¿Es un héroe el vándalo por revelarse contra la sociedad?
El Bildungsroman es un género que toma muchas influencias de la época de la Ilustración en Francia, donde el rasgo más característico es el aprendizaje positivo de un héroe, que en su contacto con la sociedad y sus obstáculos logra un auténtico conocimiento de sí mismo y del mundo. François Jost lo explica en Variations of a Species: The Bildungsroman:
Todo individuo posee un yo; sin embargo, el héroe de una novela Bildungsroman debe desarrollar o aspirar a un yo mejor, que constituye el objetivo de su búsqueda. Goethe con Los años de aprendizaje de Wilhelm Meisters creía que el hombre es bueno por naturaleza, aunque los individuos puedan ser malos. Compartía esta opinión con Rousseau, cuya novela Émile —casi siempre considerada un mero tratado pedagógico— es una auténtica precursora de la novela de formación inglesa, dado que el protagonista inicia su trayectoria en la infancia. Si un hombre se encuentra a sí mismo, probablemente halle a un hombre bueno y pueda afrontar su destino con serenidad (p. 141).
Sin embargo, los valores de la Ilustración que imaginó Rousseau no se ajustan en la obra de Cie. Fluctus. No se podría decir que Kevin y Faustino logran un reconocimiento de sí mismos. Mucho menos se los podría llamar héroes por ayudar al otro. Kevin y Faustino hacen contacto con una sociedad violenta y de valores fragmentados. Lejos, por tanto, de la sociedad “pura” de valores idealizados que pensó alguna vez Rousseau para la Ilustración.

La obra cuestiona el rol de un héroe, donde muchos actos de ayuda considerados “heroicos” son superficiales y vanos en la sociedad fragmentada en que habitan los personajes. Los actos de amabilidad y los gestos de ayuda entre el pescador y el vándalo son mínimas y nunca reales. Fracasan en ser héroes, y mientras tanto, se aplastan con sus cuerpos al intentar ayudar al otro. En el fondo, tanto Kevin como Faustino podrían decirse uno al otro la frase que da título a la obra: I’m not a Hero.
Daniel Choque León es estudiante de Literatura.
Fotos: Isabel Navia