La burocracia ocupa edificios culturales en Oruro

Textual

Isa

Sergio Gareca

Nos han dicho, nos han comentado, nos han contado y la prensa nos lo ha confirmado, que el antiguo edificio de Correos en Oruro ha pasado en comodato al Órgano Judicial, lo cual está bien y está mal. Pero no en ese orden. Primero está mal.

Resulta que, durante años, varias instituciones y personalidades del ámbito de la cultura y el patrimonio de Oruro hemos hecho notar el descuido del edificio y también hemos sugerido, en varias oportunidades, su restauración, proponiendo además usos alternativos que le den funcionalidad provechosa al edificio.

Algunas de las preocupaciones fueron, por ejemplo, las del Comité de Defensa del Patrimonio de Oruro, encabezado por el Colegio de Arquitectos de Oruro, que se ha tomado la molestia de enviar cartas aquí y allá y de hacer un seguimiento e inspecciones al edificio.

El Consejo de Culturas, en su momento, también hubo declarado varias infraestructuras como edificios de interés estratégico para el desarrollo cultural y la defensa del patrimonio material.

Como Unión de Poetas y Escritores propusimos a la Brigada Parlamentaria, hace un par de años, que encabezara las gestiones para que el edificio en cuestión pudiera convertirse en la Casa Plurinacional del Libro.

Hace un tiempo, también la Alcaldía pedía el traspaso del inmueble a su tuición para que fuese esta instancia quien convirtiera el edificio en una infraestructura cultural.

Cartas, proyectos y observaciones, papeles que han ido pasando de una oficina a otra, de una a otra autoridad. Y, como se ve, han sido avioncitos de papel que se han estrellado, como el avión del dinero en El Alto, sin ningún provecho para nadie.

Lo que aquí molesta es que aparezcan instituciones sin ninguna vocación cívica, que nunca antes habían dicho esta boca es mía, y se hagan responsables del inmueble. Peor aún, que se le dé directamente un uso burocrático. Por lo menos esperemos que inviertan el dinero en una correcta restauración.

La falta de criterio prima en éste y en el anterior gobierno y en cada funcionario que penosamente nos toca tener al frente.

Seguidilla de despropósitos

En su momento, la Asamblea Legislativa Departamental quería convertir el cine Palais Concert en oficinas; nos hemos opuesto y luego, como venganza, bloquearon posibles soluciones: una de ellas, que el edificio pase a la universidad para que de allí salgan los recursos de la restauración, con financiamiento de la cooperación internacional. Enemigos de la cultura, ahora a duras penas se ha conseguido que el proyecto salga adelante, aun con sus defectos.

La profesora María Luisa Zeballos, mientras era concejal, logró que el edificio de la Escuela Murguía tuviera la proyección del museo histórico de Oruro. Durante meses, los ambientes estuvieron vacíos. Se hizo una consultoría para el museo, se lanzaron propuestas de funcionamiento inmediato, pero los funcionarios son funcionarios, así que primero lo hicieron depósito, con todos los cuadros de la pinacoteca municipal en el suelo y los ambientes abarrotados de sillas y escritorios amontonados uno sobre otro. Al final hicieron de toda la planta alta oficinas que son madrigueras de empleados públicos.

De la Casa de la Cultura Javier Echenique nos ha costado sacar a las oficinas que se entraron a los camerinos del teatro y hacer entender que el patio no es depósito de chatarra.   

Hace unos años se embargó la casa Schmit, antiguo consulado de Alemania en Oruro, por asuntos de narcotráfico y, más pronto que tarde, saltó la fiscalía y se entró al edificio sin ningún criterio. Si uno pasa por esas dependencias, va a darse cuenta de que no son aptas para ese tipo de atención al público.

Ahora van a hacer lo mismo, lo peor: a espaldas de quienes más se han preocupado por el edificio ad honorem, gastando tiempo y dinero en hacer notar la emergencia y dando propuestas razonables para su uso.

Lo único bueno de la ocupación es que finalmente se va a gastar dinero en atender al edificio patrimonial que necesita intervención urgente.

Lo que está claro es que el burócrata promedio tiene un problema de mentalidad. No entiende, no calibra, no sabe a qué huele la riqueza cultural de nuestra región. En su modo de entender, todo edificio público es una oficina. Cuando les reclamamos lo del Palais, nos ofrecieron una oficina. Cuando peleamos con la Alcaldía, nos ofrecieron también una oficina en el monumento a la Virgen. En su concepción, trabajar es sentarse frente a la computadora cuando, obviamente, nosotros queremos bailar, ensayar teatro, dar conciertos.

En este país todo es bloqueo y, a veces, es bloqueo mental.

Sergio Gareca es escritor orureño.

Fotos: Sergio Gareca

ETIQUETAS
Comparte con tus contactos