‘La hija cóndor’: ¿para quién es esta peli?

Textual

Isa

Sergio Gareca

La Marisol Vallejos está bien churra. Vamos a empezar por ahí. Doña María Magdalena Sanizo, harta fuerza de expresión. Hay unas escenas súper lindas, como por ejemplo esa del contrapicado, tan descriptiva de un camino que no sabemos a dónde va, con un arriba vigilante, con un abajo que se lleva toda la visión hacia un valle casi desconocido, y la señora perdida como cualquier ser humano en la vida. Otras son las escenas de la discoteca, entre las luces, que retratan yo creo el momento que estamos viviendo, con una estética más o menos compartida de plenitud chola o cholitud.

Como se sabe, estoy de profe en el municipio de La Guardia (Santa Cruz), así que les dije a los chicos: vamos a apoyar el cine nacional. Y nos fuimos a Multicine. Algunos de los chicos nunca han ido al cine o tampoco han ido a esos malls de la ciudad, por la simple razón de que no se dio la oportunidad, ya no por falta de plata. Es todo un viajecito.

Hemos entrado casi sobre hora, y los chicos son chicos. Han metido bulla, han mirado, y han vivido esa experiencia del cine. Que es algo importante para entender el propio contexto de la peli.

A mí, en general, me ha gustado un montón. Ha salido un escrito en Facebook de Rocío Ágreda, que hace un análisis semántico de la película. También me ha gustado esa crítica. Porque tiene sus aciertos. Y obviamente concuerdo con algunas cosas, como esa de que no queda claro el título del filme, aunque una de las protagonistas se llame Clara. Lo más importante es que la película ha despertado esa diatriba. Además, Rocío no es un ojo improvisado.

Pero no por lo que ella dice, la Hija Condor es una improvisación. De lejos puedo decir que no es así. En la producción hay mucha pulcritud. Entonces voy a abordar la película desde otro lado. Desde su proceso, y el proceso no termina en el corte final. Siempre descuidamos la distribución y por eso también hemos llegado hasta por ahí nomás muchas veces.

Evidentemente el cine nos presenta una unidad medida (minutos), con su carga semántica-simbólica; pero esa carga no ha de terminarse de comprender sin su contexto. Porque desde luego tiene su nicho en la especialidad (cineastas o gente vinculada al cine y la cultura), y por otro lado los festivales internacionales, o sea del circuito de donde viene, y el público boliviano (que puede hacer fila por Michael Jackson, pero le resbala el cine nacional).

Entiendo que ya ha recibido varios premios en festivales del exterior y con eso ya se puede resumir lo que se dice de la película allá afuera. Pero eso significa muchas cosas para el cine nacional. Indica que el proceso de gestión de la película ha sido muy bueno, que ha jugado bien las fichas. Porque está claro que no estamos detrás de una película de culto. Estamos frente a una película que no presenta las complejidades que reclama Rocío. Estamos frente a una película que ha sido pensada para moverse en esos distintos ámbitos, y por esa misma razón es una pieza de sencillez, no de “sencillismo”. Vale decir que, en la película, los hechos van siendo los hechos sin mucha pretensión simbólica. Y creo que eso es intencional, se han ido limpiando las cosas para que tengan esa llanura. Y si es intencional no es un error. Tanto no lo es, que ya ha tenido su triunfo en el contexto exterior.

Por esa razón esta crónica casi comienza desde lo anecdótico. Porque aquí, con los chicos del colegio, tenemos un grupo humano con descendientes de los pueblos de los valles cruceños, chuquisaqueños y cochabambinos en su mayoría. Entonces aquí hay una estampa: chicos que vienen de las polleras miran en un cine de mall, en un barrio residencial, polleras en alta definición.

Y es ahí donde yo creo que la película debiera significar algo. Porque una cosa es que en un festival prestigioso digan: qué curioso, qué llamativo, qué interesante esa pinta, esa música.

Porque también se podía haber apostado por algo existencialista y filmar los deshabitados de Marcelo Quiroga y hacernos preguntas densas. Lo cual no estaría mal tampoco. Pero se ha planteado una realidad social, siguiendo la tradición de un cine y una propuesta sociológica de Bolivia. Desde luego podemos decir que eso nos persigue. Y evidentemente nos persigue como un fantasma terrible. Ya mismo, en estos días corre sangre porque Bolivia no se entiende. Bolivia no tiene significado. Bolivia tiene las “mismas transiciones” (de gobierno, y de plano, con disparo de cámara y balines).

Entonces, aquí estamos con los chicos, viajando desde la semirruralidad de nuestro barrio de migrantes a un barrio jailón (no se me quita la jerga del altiplano) para ver una película de polleras en un horario incómodo para la gente común, cómodo para los escolares, a meter bulla en una sala de cine, a escuchar quechua, que algunos de los chicos todavía entienden y a ver pueblos parecidos a aquellos de donde han salido sus mamás o papás.

Entonces sí es interesante saber qué es la película para ellos. Desde lo perceptivo, se asombran de la calidad de la imagen, “se ve bien clarito”. Otros son bien despiadados y dicen: “La próxima vengamos a ver una película de verdad”. Pero la apreciación que a mí más me gusta es la que dice: “La chica ha seguido su sueño y su abuela le ha dejado”. Y eso les parece normal. Ver a una chica como “Clara” les parece normal. Porque ellos no van a volver.

Otro criterio interesante es ese que me dicen sobre el título: es que “la chica es cóndor porque no puede volar para siempre; tarde o temprano tiene que volver a su nido”.

Al irnos nos hemos subido a los minis y hemos escuchado Cruz Santa, Climax, Electro Salay, Dados Negros, Kiss y Águilas de América.

Termino estas líneas con la alegría de saber que hay una película boliviana en sala y felicitando a su director Álvaro Olmos. Ojalá les mande un saludo a mis chicos. Por otro lado, ojalá nuestra realidad nacional no fuera tan cinematográfica, con esos efectos especiales tan costosos, con sangre tan real, con situación dramática de alta ficción, con terror verdadero. Ojalá nuestra realidad fuera siempre una tarde de cine con los amigos, viendo el éxito de nuestra gente. Ojalá eso fuera lo único normal. 

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