De vuelta a casa: La hija cóndor vuelve a quienes le dieron su historia

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Isa

La película del director Álvaro Olmos, filmada íntegramente en quechua y protagonizada por actores naturales, se estrena en el país después de un recorrido por festivales que le valió múltiples premios y el respaldo de distribuidores internacionales.

Isabel Navia

Después de cosechar reconocimientos en circuitos de cine internacional y de emocionar a comunidades bolivianas en el exterior, «La Hija Cóndor» llega por fin a las salas del país. Tuvimos una conversación con el director Álvaro Olmos y con las actrices María Magdalena Sanizo y Marisol Vallejos. Olmos confía en que la película, nacida de una investigación sobre parteras en Cochabamba, La Paz y el Oriente boliviano, conectará con el público local con la misma profundidad con la que lo hizo fuera de fronteras, y que contribuirá a renovar la fe en la producción cinematográfica nacional.

La historia surgió de un proceso creativo que atravesó varias fases. Olmos desarrollaba inicialmente otro proyecto en Yopaya, centrado en una partera, cuando su pareja y productora, Iris Ocampo, lo impulsó a explorar el universo de las parteras como tema documental. Fue un amigo cineasta quien sugirió fundir toda esa investigación en una narrativa ficcional, un giro que resultó decisivo para dar forma a la película.

«El quechua no fue un obstáculo para la distribución; fue, al contrario, lo que sorprendió y deleitó a las audiencias internacionales.»

El reparto está compuesto íntegramente por actores naturales. María Magdalena Sanizo, quien encarna a la partera protagonista, trae a la pantalla la memoria viva de su abuela —también partera— y una fluidez en quechua que el director describe como «poética». Su experiencia previa en una radio quechua resultó determinante para afrontar el rodaje. A Marisol Vallejos, que hace de hija de la partera, la encontraron a través de redes sociales: a sus 21 años, su madurez y su trayectoria como música la convirtieron en la elección natural para un personaje que explora, con curiosidad y sensibilidad, la música, mientras atraviesa por la tensión entre la migración y la herencia generacional. La experiencia, según afirma ella misma, la ha enamorado del cine y abierto las puertas a una nueva vocación paralela a su carrera musical.

La apuesta por el quechua como lengua principal del filme fue, en un principio, motivo de advertencias en la industria. Los agentes consultados alertaron que podría dificultar la venta. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Olmos, que comprende el quechua aunque no lo habla con fluidez, dirigió el rodaje de manera orgánica, velando por la autenticidad y la musicalidad del idioma. El resultado ha alentado al director a esperar que «La Hija Cóndor» motive a otros realizadores a filmar en lenguas indígenas sin complejos ni mediaciones artificiales, pues además, las proyecciones realizadas en las comunidades de Independencia y en Totorani —uno de los cantones donde filmaron— confirmaron este acierto. Las mujeres mayores de esas comunidades reconocieron en la pantalla su propio mundo con una emoción inmediata.

La película recupera, además, un ritual casi extinto: el canto ancestral en los partos. Lo que nació como recurso creativo se convirtió en un ejercicio de rescate cultural, gracias a la participación de Noemí Flores, cantante ancestral de Cochabamba, quien también actúa en el film y ofició como maestra de canto de Marisol Vallejos.

El simbolismo del cóndor, mensajero de alta jerarquía en la cosmovisión andina, articula el título: la partera, portadora de un saber medicinal que la eleva por encima de lo ordinario, es equiparada a esa figura tutelar de los Andes.

El viaje de esta producción comenzó con un reconocimiento que llegó temprano. La película fue seleccionada en Ventana Sur, el mercado de cine del sur global, donde atrajo la atención de Bendita Films, una agencia de ventas española con presencia en festivales de primer nivel. Ese respaldo profesional abrió puertas que, según Olmos, habrían sido imposibles de franquear de manera independiente, y le ha dejado un aprendizaje claro para sus próximas producciones.

Ahora toca que el público boliviano vea esta obra, bellamente lograda.

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