Gabo Guzmán
Somos el Daniel, el Marcelo y yo. Delante está don Germán Araúz Crespo –el Machi Mirón– blandiendo su espíritu y su cuadernito escolar: es sabio y se le nota porque no pretende demostrárselo a nadie, ni colgarlo en las redes ni en ninguna parte porque suficientes colgados tiene este país.
Hace preguntas, respondemos sin contemplación: «No sabemos lo que queremos, pero lo queremos ya». Somos lo que se dice jóvenes y se nos nota en la confusión y en las ganas de libar cuando estamos nerviosos.
¿Qué nos habrá visto don Germán? Se lo pregunto en serio: ¿Qué teníamos, don Germán?
El asunto es que en su nota, al día siguiente, aparecieron los cantores de cualquier algarrobal o los halcones katárticos de la rinconada, da igual. Pasa que don Germán sabía burlarse y lo hacía con gracia, con gusto exquisito: todos esos músicos eran destacados profesionales y, «además» (nótese ADEMÁS), eran intérpretes que exaltaban el acervo nacional. Así que luego de citarlos es que don Germán se preguntaba, burlándose: ¿Y para cuándo valdrán los músicos por ser músicos sin tener que anteponer su «verdadera» profesión?
Y, aquí lo tenebroso por lindo, solo entonces aparecíamos en la historia que era la nota y que era la vida de don Germán. “He hablado ayer con el trío la B”, escribía y seguía diciendo: “Me reconforta su dedicación a la música como sola fuente de sus ingresos, sueños y expectativas”.
Insisto: ¿Qué nos vería don Germán si hasta ese rato no nos había escuchado? De algún modo, sin embargo, sabía esto que es mi homenaje a quien hoy está por todas partes: se lo cumplimos don Germán, la Música es lo único que nos salva, nos entretiene y nos mantiene; usted lo sabía de alguno y todos los modos.
Lo quiero mucho, sépalo.
Gabo Guzmán, músico compositor
Imágenes: archivo Araúz